A
modo de introducción.
Siendo
este Blog un medio de expresión de acceso público, me parece conveniente, para
iniciar su andadura, explicar los motivos que me han inducido a crearlo, y que interés
podría tener su lectura.
Incluso
antes de empezar mis estudios como Arquitecto, me interesaban los temas
relacionados con lo que usualmente se denominan “edificios históricos” o
“construcciones singulares”. Y ese fue uno de los motivos que me impulso a
empezar en esta profesión. Me sorprendió, sin embargo, el poco interés, que
durante la carrera suscitaba toda arquitectura que no fuese contemporánea,
salvo en asignaturas especificas. Esta falta de interés, que se podría atribuir
a la falta de diversificación en los planes de estudio en aquella época, sin
embargo, la he visto reflejada a posteriori en muchas ocasiones en mi relación
con otros colegas Arquitectos, algunos de los cuales ya eran de planes mas
recientes, y por lo tanto, habían tenido oportunidad de elegir asignaturas
especificas y relacionadas con estos temas.
Frases como: ….. “esto no tiene ningún valor”,
“no merece la pena conservarlo” o incluso, “con todos los edificios viejos, lo
mejor que se puede hacer es demolerlos” (esta última escuchada recientemente a
un compañero con más de 40 años de profesión, y perito, por añadidura),
reflejan una actitud que no solo ignora el valor de la arquitectura antigua
como patrimonio, sino que además suponen de entrada una falta de actitud
analítica que impide extraer cualquier enseñanza enriquecedora de la
experiencia realizada ya en épocas pasadas y que puede beneficiar a cualquier
profesional de la arquitectura en la realización de sus propios proyectos.
A
esta situación anterior podría unir otra que me ha llamado especialmente la
atención muchas veces. En las ocasiones en las que he asistido a cursos o
conferencias relacionados con la rehabilitación o restauración del patrimonio,
casi siempre me he encontrado frente a una serie de arquitectos o empresas,
que, en la mayoría de los casos, si que habían realizado proyectos y obras de gran
envergadura. Sin embargo, a la hora de realizar su exposición, únicamente se
centraban en el mal estado inicial del edificio, y lo estupendamente que había
quedado al final.
Pero…..
¿Que sucede entre el principio y el final? ¿Como se realizaron estos
(aparentemente magníficos), procesos de rehabilitación?¿Como, donde y mediante
que sistemas se documento el estado inicial?¿Porqué, y en base a qué criterios,
se demuelen partes de estos edificios y se respetan otras?. ¿Cómo se estabiliza
el edificio mientras se interviene?. Estas y más preguntas me han venido sistemáticamente
a la cabeza durante estas exposiciones, que (no hay que olvidarlo), estaban
planteadas para profesionales de la Arquitectura. Aparentemente, estas y otras
cuestiones quedan envueltas en un halo de misterio, incluso para los mismos
profesionales que las realizan.
En
cuanto a las publicaciones, desde luego, pocas revistas hay en el campo de la
Arquitectura que no dediquen artículos a edificios que han sufrido procesos de
restauración o rehabilitación, donde se nos muestran unas espectaculares
fotografías del resultado final de la operación y muy poco mas.
Todo
este desinterés por la crítica, los procesos y el trabajo especifico del
Arquitecto restaurador o rehabilitador se percibe en muchas ocasiones, en un gran
número de edificios que en la pasada década de bonanza económica, han sido
objeto de intervenciones por parte de privados y administraciones públicas, que
han encargado estas intervenciones, en muchos casos, a profesionales sin
ninguna preparación específica, con los resultados previsibles.
Las
intervenciones denominadas de “rehabilitación”, en muchos casos, no son más que
demoliciones casi totales de lo existente, dejando únicamente una “mascara”
(generalmente la fachada), que justifica la actuación. Con una actitud que
denota una falta de metodología y conocimientos notable, se interviene muchas
veces en contenedores antiguos que no pueden aceptar los programas que se
pretenden introducir en ellos y acaban convirtiéndose en alardes estructurales
y tecnológicos sin sentido.
Una pregunta frecuente al
inicio de los cursos de rehabilitación que he podido impartir, es precisamente,
que distinguiría un proceso de rehabilitación correcto de uno de estos procesos
sin sentido. Para aclarar el termino podríamos, inicialmente consultar su
significado en el Diccionario de la Real Academia Española, que lo define así:
……Med. Conjunto de métodos que tiene por finalidad la recuperación de una
actividad o función perdida o disminuida por traumatismo o enfermedad.
Por lo tanto, cuando
rehabilitamos, hablamos de recuperación de una actividad o función, pero no de la creación de una nueva. Parece interesante utilizar aquí, como
lo haremos en repetidas ocasiones, un símil medico, puesto que cuando se
rehabilita una función perdida del ser humano, es habitual el uso de
metodologías y técnicas que estén en proporción con dicha perdida; a nadie se
le ocurre que, por ejemplo, para recuperar el movimiento de una extremidad
afectada por una artrosis en un codo o articulación, debamos amputarla
totalmente y reponerla ex novo. Además,
las modernas técnicas médicas tienden a ser cada vez menos invasivas, basándose
en una combinación de completos estudios previos e intervenciones mínimas. Sin
embargo, son las técnicas de carácter más destructivo las que vemos utilizar,
sin muchos escrúpulos, en la rehabilitación arquitectónica.
Prótesis para pierna. Dix LIvres de la Chirurgie, Ambroise Paré,
1564.
Un
ejemplo bastante grafico que suelo poner a mis alumnos es el siguiente: Tengo
una abuela, a la que quiero mucho. Representa para mí una serie de valores,
además de la referencia de mi origen familiar. Mi abuela, debido a su avanzada
edad, tiene algunos achaques; le falla una cadera, es corta de vista, no oye
muy bien, ha perdido algo de pelo…..Para solucionar estos problemas se me
ocurre llevarla a un especialista. Al cabo de cierto tiempo, me devuelve a mi
abuela; pero, tras observarla unos minutos, me doy cuenta que algo falla, y
vuelvo al especialista. ¿Pero que ha hecho?, le pregunto. “Pues vera…le hemos
cambiado el sistema nervioso y el digestivo, incorporando unos sistemas electrónicos
avanzadísimos; además hemos reforzado los músculos con elementos de última
tecnología y hemos sustituido el cerebro por un microprocesador de última
generación…”; “como vera, es capaz de levantar 100 kilos, correr los 100 metros
en 7 segundos y oír el vuelo de una mosca a 500 metros”. ¿Es eso lo que
queríamos?. ¿Realmente queremos transformar nuestro patrimonio arquitectónico
en una arquitectura epidérmica, sin ninguna relación con el pasado?.
Hoy,
cuando la crisis económica es una realidad palpable y la obra nueva se ha
convertido en “rara avis”, una de las propuestas iniciales de los Colegios
profesionales y Administraciones Publicas, ha sido que el trabajo de los
arquitectos se centrara en la rehabilitación. En casi ningún caso se ha hablado
de una preparación específica.
Si nos fijamos en un caso próximo como Italia,
podemos ver que en este país que tiene una superficie de unos 300.000 km2 y una
población de 60,8 millones de habitantes, (frente a 47 millones de habitantes y
504.000 km2 de España), los procesos de nueva construcción son escasos, frente
a los de rehabilitación, que son intensos y continuos y llevan desarrollándose
ya largo tiempo. Sin embargo, y contrariamente al caso Español, existe un
sustrato adecuado en lo que se refiere a la preparación profesional y a la de
las empresas; y no me refiero solamente a los Arquitectos, sino a toda una
serie de artesanos y especialistas que pueden llegar a formar parte de un equipo
multidisciplinar para acometer este tipo de obras con la debida preparación.
Por
lo tanto, si efectivamente el futuro de la profesión de Arquitecto en España va
a pasar en gran parte por la rehabilitación y la intervención en contenedores
preexistente, no estará de más (y ese es el principal motor de este Blog),
intentar conocer, compartir y discutir todos los aspectos relacionados con la intervención
en el patrimonio (y no solo en el antiguo) y las últimas técnicas utilizadas en
el mismo.
“Y si algo no te parece bien, o lo disimula
piadoso o lo enmienda docto, que errar es de hombres y ser herrado de bestias o
esclavos […] y al fin, si te agradare el discurso, tú te holgaras, y si no, poco
importa, que a mí de tí ni dél se me da
nada”….Quevedo, prologo al “Buscón”, 1626.