lunes, 24 de septiembre de 2012


A modo de introducción.

Siendo este Blog un medio de expresión de acceso público, me parece conveniente, para iniciar su andadura, explicar los motivos que me han inducido a crearlo, y que interés podría tener su lectura.
Incluso antes de empezar mis estudios como Arquitecto, me interesaban los temas relacionados con lo que usualmente se denominan “edificios históricos” o “construcciones singulares”. Y ese fue uno de los motivos que me impulso a empezar en esta profesión. Me sorprendió, sin embargo, el poco interés, que durante la carrera suscitaba toda arquitectura que no fuese contemporánea, salvo en asignaturas especificas. Esta falta de interés, que se podría atribuir a la falta de diversificación en los planes de estudio en aquella época, sin embargo, la he visto reflejada a posteriori en muchas ocasiones en mi relación con otros colegas Arquitectos, algunos de los cuales ya eran de planes mas recientes, y por lo tanto, habían tenido oportunidad de elegir asignaturas especificas y relacionadas con estos temas.
 Frases como: ….. “esto no tiene ningún valor”, “no merece la pena conservarlo” o incluso, “con todos los edificios viejos, lo mejor que se puede hacer es demolerlos” (esta última escuchada recientemente a un compañero con más de 40 años de profesión, y perito, por añadidura), reflejan una actitud que no solo ignora el valor de la arquitectura antigua como patrimonio, sino que además suponen de entrada una falta de actitud analítica que impide extraer cualquier enseñanza enriquecedora de la experiencia realizada ya en épocas pasadas y que puede beneficiar a cualquier profesional de la arquitectura en la realización de sus propios proyectos.
A esta situación anterior podría unir otra que me ha llamado especialmente la atención muchas veces. En las ocasiones en las que he asistido a cursos o conferencias relacionados con la rehabilitación o restauración del patrimonio, casi siempre me he encontrado frente a una serie de arquitectos o empresas, que, en la mayoría de los casos, si que habían realizado proyectos y obras de gran envergadura. Sin embargo, a la hora de realizar su exposición, únicamente se centraban en el mal estado inicial del edificio, y lo estupendamente que había quedado al final.
Pero….. ¿Que sucede entre el principio y el final? ¿Como se realizaron estos (aparentemente magníficos), procesos de rehabilitación?¿Como, donde y mediante que sistemas se documento el estado inicial?¿Porqué, y en base a qué criterios, se demuelen partes de estos edificios y se respetan otras?. ¿Cómo se estabiliza el edificio mientras se interviene?. Estas y más preguntas me han venido sistemáticamente a la cabeza durante estas exposiciones, que (no hay que olvidarlo), estaban planteadas para profesionales de la Arquitectura. Aparentemente, estas y otras cuestiones quedan envueltas en un halo de misterio, incluso para los mismos profesionales que las realizan.
En cuanto a las publicaciones, desde luego, pocas revistas hay en el campo de la Arquitectura que no dediquen artículos a edificios que han sufrido procesos de restauración o rehabilitación, donde se nos muestran unas espectaculares fotografías del resultado final de la operación y muy poco mas.
Todo este desinterés por la crítica, los procesos y el trabajo especifico del Arquitecto restaurador o rehabilitador se percibe en muchas ocasiones, en un gran número de edificios que en la pasada década de bonanza económica, han sido objeto de intervenciones por parte de privados y administraciones públicas, que han encargado estas intervenciones, en muchos casos, a profesionales sin ninguna preparación específica, con los resultados previsibles.
Las intervenciones denominadas de “rehabilitación”, en muchos casos, no son más que demoliciones casi totales de lo existente, dejando únicamente una “mascara” (generalmente la fachada), que justifica la actuación. Con una actitud que denota una falta de metodología y conocimientos notable, se interviene muchas veces en contenedores antiguos que no pueden aceptar los programas que se pretenden introducir en ellos y acaban convirtiéndose en alardes estructurales y tecnológicos sin sentido.
Una pregunta frecuente al inicio de los cursos de rehabilitación que he podido impartir, es precisamente, que distinguiría un proceso de rehabilitación correcto de uno de estos procesos sin sentido. Para aclarar el termino podríamos, inicialmente consultar su significado en el Diccionario de la Real Academia Española, que lo define así: ……Med. Conjunto de métodos que tiene por finalidad la recuperación de una actividad o función perdida o disminuida por traumatismo o enfermedad.
Por lo tanto, cuando rehabilitamos, hablamos de recuperación de una actividad o función, pero no de la creación de una nueva. Parece interesante utilizar aquí, como lo haremos en repetidas ocasiones, un símil medico, puesto que cuando se rehabilita una función perdida del ser humano, es habitual el uso de metodologías y técnicas que estén en proporción con dicha perdida; a nadie se le ocurre que, por ejemplo, para recuperar el movimiento de una extremidad afectada por una artrosis en un codo o articulación, debamos amputarla totalmente y reponerla ex novo. Además, las modernas técnicas médicas tienden a ser cada vez menos invasivas, basándose en una combinación de completos estudios previos e intervenciones mínimas. Sin embargo, son las técnicas de carácter más destructivo las que vemos utilizar, sin muchos escrúpulos, en la rehabilitación arquitectónica.


Prótesis para pierna. Dix LIvres de la Chirurgie, Ambroise Paré, 1564.
Un ejemplo bastante grafico que suelo poner a mis alumnos es el siguiente: Tengo una abuela, a la que quiero mucho. Representa para mí una serie de valores, además de la referencia de mi origen familiar. Mi abuela, debido a su avanzada edad, tiene algunos achaques; le falla una cadera, es corta de vista, no oye muy bien, ha perdido algo de pelo…..Para solucionar estos problemas se me ocurre llevarla a un especialista. Al cabo de cierto tiempo, me devuelve a mi abuela; pero, tras observarla unos minutos, me doy cuenta que algo falla, y vuelvo al especialista. ¿Pero que ha hecho?, le pregunto. “Pues vera…le hemos cambiado el sistema nervioso y el digestivo, incorporando unos sistemas electrónicos avanzadísimos; además hemos reforzado los músculos con elementos de última tecnología y hemos sustituido el cerebro por un microprocesador de última generación…”; “como vera, es capaz de levantar 100 kilos, correr los 100 metros en 7 segundos y oír el vuelo de una mosca a 500 metros”. ¿Es eso lo que queríamos?. ¿Realmente queremos transformar nuestro patrimonio arquitectónico en una arquitectura epidérmica, sin ninguna relación con el pasado?.
Hoy, cuando la crisis económica es una realidad palpable y la obra nueva se ha convertido en “rara avis”, una de las propuestas iniciales de los Colegios profesionales y Administraciones Publicas, ha sido que el trabajo de los arquitectos se centrara en la rehabilitación. En casi ningún caso se ha hablado de una preparación específica.
 Si nos fijamos en un caso próximo como Italia, podemos ver que en este país que tiene una superficie de unos 300.000 km2 y una población de 60,8 millones de habitantes, (frente a 47 millones de habitantes y 504.000 km2 de España), los procesos de nueva construcción son escasos, frente a los de rehabilitación, que son intensos y continuos y llevan desarrollándose ya largo tiempo. Sin embargo, y contrariamente al caso Español, existe un sustrato adecuado en lo que se refiere a la preparación profesional y a la de las empresas; y no me refiero solamente a los Arquitectos, sino a toda una serie de artesanos y especialistas que pueden llegar a formar parte de un equipo multidisciplinar para acometer este tipo de obras con la debida preparación.
Por lo tanto, si efectivamente el futuro de la profesión de Arquitecto en España va a pasar en gran parte por la rehabilitación y la intervención en contenedores preexistente, no estará de más (y ese es el principal motor de este Blog), intentar conocer, compartir y discutir todos los aspectos relacionados con la intervención en el patrimonio (y no solo en el antiguo) y las últimas técnicas utilizadas en el mismo.
Y si algo no te parece bien, o lo disimula piadoso o lo enmienda docto, que errar es de hombres y ser herrado de bestias o esclavos […] y al fin, si te agradare el discurso, tú te holgaras, y si no, poco importa, que  a mí de tí ni dél se me da nada”….Quevedo, prologo al “Buscón”, 1626.

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